La actividad física podría beneficiar a los pacientes con anorexia
Un estudio español constató que los pacientes con anorexia nerviosa que no realizaron el ejercicio recomendado durante su recuperación tenían un deterioro en la composición corporal, condición física y movilidad funcional. Investigadores españoles analizaron la relación entre actividad física, los comportamientos sedentarios, el estado físico y calidad de vida en la recuperación de un grupo de adolescentes.
Margarita Pérez, una de las autoras del trabajo, señala en relación: “Alrededor del 31% por ciento de los pacientes realizan actividad física no saludable en etapas tempranas de la enfermedad como estrategia de pérdida de peso, que aumenta hasta un 80% antes de la hospitalización».
Para transitar la recuperación, algunos pacientes seleccionaban reposo en cama. “El reposo en cama tiene un impacto negativo en la salud muscular y ósea durante la hospitalización, mientras que un estímulo mecánico bajo (ejercicio) puede prevenir la disminución del recambio óseo en la anorexia nerviosa», comenta Pérez.
El estudio constató que los pacientes que no cumplieron con la actividad física diaria recomendada tenían un deterioro en la composición corporal, condición física y movilidad funcional. La calidad de vida se asoció positivamente con una mayor aptitud muscular, y la fuerza muscular y el pico de consumo de oxígeno fue positivo para la composición corporal.
“Los componentes relacionados con la salud se ven afectados negativamente y se observa una función cardiorrespiratoria reducida, aptitud muscular, movilidad funcional reducida (desempeño reducido en las actividades de la vida diaria) y composición corporal alterada”, menciona Pérez y añade: “Todo ello persiste incluso después de la recuperación del peso y el índice de masa corporal (IMC) e impacta negativamente en la calidad de vida».
“La disminución de los niveles de actividad física en los pacientes se asoció a la recuperación parcial de estado físico, incluso después de la restauración del peso o del IMC”, comenta Pérez.
Por último, destaca: “Los programas de ejercicio dirigidos a mejorar el estado físico a través de una mayor condición física muscular después de la hospitalización pueden ser clave para mejorar la calidad de vida y la salud general de esta población afectada de Trastorno de Conducta Alimentaria”.
El trabajo se publicó en la revista ‘International Journal of Environmental Research and Public Health‘, y fue realizado por la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte en la Universidad Politécnica de Madrid (INEF-UPM) con la colaboración de investigadores del Departamento de Biología Funcional de la Universidad de Oviedo y del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Niños Jesús de Madrid.

